La Guerra de Vietnam, una larga y extraña derrota

20 de abril de 2020

Marcó un antes y un después para el país norteamericano y el mundo entero. De ella surgieron movimientos sociales, entre pacifistas y hippies, así como nuevas formas culturales cuando la música y el cine dirigieron su vista al conflicto armado que se llevó a miles de jóvenes americanos a pelear en la selva vietnamita. Fue la Guerra de Vietnam, símbolo de la segunda mitad del siglo XX y de la Guerra Fría, cuya derrota para el país del norte no solo fue ante sus enemigos, sino que también significó el fin de su grandiosa autopercepción.

Por Loreto Navarro

Vietnam dividido

El país asiático había sido conquistado por Francia en el siglo XIX, anexándose a otras regiones, como Laos y Camboya, formando la Indochina francesa. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue manejado por Japón, cuya preocupación de que la Francia de Vichy, en ese momento alineada con Alemania, era que se cambiase de bando y terminara formando parte de los Aliados.

Aún con todos los cambios que produjo la Segunda Guerra Mundial y que también afectaban al pueblo vietnamita, estos deseaban la independencia. Durante la década del 40, se organizaron grupos políticos con el fin de derrocar al gobierno monárquico pro-Francia.

Finalizada la gran guerra, el reordenamiento cultural y geográfico también influyó en Vietnam. Japón pretendió quedarse al mando, pero Francia volvió su vista a Indochina francesa. Sin embargo, lo que vio fue un Vietnam diferente: el movimiento social había logrado derrocar al emperador Bao-Dai[1] y en su lugar Ho Chi Minh[2], del Partido Comunista vietnamita, establecía la República Democrática de Vietnam. Francia no logró llegar a acuerdos políticos ni económicos, enfrascándose en una guerra con la intención de recuperar el mando de manera definitiva.

Estados Unidos secundó la lucha de Francia por recuperar el control, desatándose así la Guerra de Indochina, que finalizó en 1954, cuando las partes involucradas decidieron negociar en la Conferencia de Ginebra al ver que las fuerzas políticas y militares de Ho Chi Minh superaban a las de la unión franco estadounidense.

En dicha conferencia se acordó como primera medida la retirada de las tropas francesas no solo de Vietnam, sino de los otros lugares que pertenecían a la Indochina francesa. También se decidió la división de Vietnam en el paralelo 17, quedando Vietnam del Sur a cargo de un nuevo gobierno pro-Estados Unidos y Vietnam del Norte, a cargo de Ho Chi Minh. A lo anterior, se dio un plazo de 300 días para que la población vietnamita se relocalizara según sus propios deseos. Finalmente, acordaron organizar una elección en 1956, en la que ambas regiones decidirían la reunificación del país y, lo más importante, bajo qué sistema político-económico lo harían.

Las respectivas potencias imperantes en ese tiempo (Estados Unidos, Unión Soviética y China) mantuvieron sus apoyos a cada Vietnam hasta 1955, cuando el territorio del sur impulsó una votación en la que se destituyó a Bao-Dai como emperador y quedó al mando Ngó Dinh Diém[3]. El nuevo mandatario decidió no respetar algunos de los acuerdos de la Conferencia de Ginebra, que incluían no adelantar una votación para reunificar la nación. Frente a este escenario, Vietnam del Norte decidió que, si la reunificación no se lograba por la votación, se haría por la vía armada. Así comenzó la guerra.

Miedos preconcebidos

Como se mencionó anteriormente, luego de la Segunda Guerra Mundial, el mundo desarrolló un nuevo orden geográfico y cultural. Estados Unidos, uno de los grandes vencedores, adoptó entonces un nuevo objetivo: “ir en ayuda de esas personas”[4] cuyas naciones podrían caer en revoluciones que afectaran la libertad del resto.

La aparición de dictadores en la década del 30 dejó a muchos con la idea de que había que protegerse y, en lo posible, prevenir una nueva guerra mundial. Muchos países no podrían asumir nuevamente los costos sociales, políticos ni económicos que eso significaba.

Para el país de la libertad el comunismo y su expansión era el nuevo riesgo al que había que anticiparse. Por eso, puso su mirada en Vietnam cuando la Unión Soviética y China apoyaron el proyecto de Ho Chi Minh. De esta manera, Vietnam se convirtió en uno de los caballos de batalla de la Guerra Fría, período de tensión en el que cualquier suceso se convertía en victoria o derrota.

“Cuestión de tiempo”: las dificultades de la guerra

La forma en la que se desarrolló la Guerra de Vietnam fue compleja. Un aspecto fue cómo cada país involucrado enfrentó el conflicto armado, peleando de formas muy diferentes en cuanto a organización y fuerza militar. Otro, es que todo el mundo veía lo que ocurría en Vietnam, especialmente la población estadounidense. Día a día la televisión informaba con noticias sobre las batallas, muertes, pérdidas y victorias. Y las decisiones políticas sobre cuánta ayuda económica y humana enviar a Vietnam, un país del tercer mundo, repercutían en la sociedad estadounidense. Todos estos temas, sumados contexto histórico político de la Guerra Fría, hicieron que la opinión pública sobre el conflicto armado fuera cambiando muchas veces y a un ritmo acelerado.

Estados Unidos llegó a Vietnam del Sur con ayuda económica y con la idea de asesorar a la nación asiática en la creación de una fuerza militar que pudiese enfrentarse al Vietcong. No solo millones de dólares fueron entregados a lo largo de los años, sino que también organizaciones de inteligencia como la CIA estuvieron en terreno, colaborando con el gobierno survietnamita.

Tanques de la Armada Norteamericana en Vietnam © U.S. military or Department of Defense

Para cuando se desató la Guerra de Vietnam, en la década del 60, miles de soldados trataban de contrarrestar las guerrillas militares del norte.

La República Democrática de Vietnam también recibía ayuda, pero no en la misma cantidad. Los militares que habían peleado en la guerra contra los franceses tenían otra forma de enfrentar las batallas. Mientras Estados Unidos tenía el armamento, la fuerza y una especie de profesionalización de la guerra, los norvietnamitas poseían la tenacidad y “ventaja” de que la batalla se peleara en su territorio, de geografía inhóspita y adversa para los americanos.

Desde la Guerra de Indochina los guerrilleros del norte conocían acabadamente su territorio, con junglas y túneles que utilizaban como puntos de reunión, asistencia de primeros auxilios o refugio por varios días. La idea de Ho Chi Minh da a entender cuál era el plan base frente al enemigo: “el tiempo es la única arma que el débil puede usar contra el fuerte”[5].

Hubo enfrentamientos cuerpo a cuerpo, pero los norvietnamitas también lograban desestabilizar la moral de las tropas estadounidenses con sus estrategias, mermando la mente de los soldados. Lograron, por ejemplo, hacer adictos a alrededor de 35 mil agentes norteamericanos, enrolando cigarrillos de tabaco o marihuana con heroína[6].

Otro factor influyente en el desarrollo de la guerra y de las consecuencias que tuvo su fin, fue la casi permanente televisación del conflicto. Al comienzo de la guerra, la opinión pública sobre la necesidad de que Estados Unidos interviniera en Vietnam era más o menos compartida. Sin embargo, el paso de los años, las decisiones de las autoridades, el gasto económico y las imágenes directas de lo que sucedía, lograron que los estadounidenses se cuestionasen qué ganaban con la guerra y cuál era el costo de sacrificar a la juventud enviándola a combatir.

Chequeo de vivienda durante patrulla en Vietnam, 1966 © U.S. military or Department of Defense

A lo simbólico de los enfrentamientos entre las fuerzas militares estadounidenses, con sus armamentos y municiones, y los guerrilleros del país tercermundista, se sumaron las protestas de monjes que se inmolaban para frenar la guerra y luego las traumáticas imágenes de bombas de napalm arrojadas en territorio vietnamita. La respuesta, en un comienzo, vino desde los jóvenes estadounidenses, quienes comenzaron a protestar contra la guerra y dieron inicio a la contracultura y el movimiento hippie.

A lo anterior se suma otro aspecto de la guerra que hizo dudar a la población estadounidense: el sistema de reclutamiento. Como presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson decidió abrirlo para que cualquier persona ingresase. Existían, sin embargo, formas de evitar ir a Vietnam, por ejemplo, estudiar en la universidad o conseguir un certificado de un médico que estableciera que el joven no era apto para ir a la guerra. Estas excepciones hicieron que, en su mayoría, quienes terminaran yendo a la guerra fuese la población de estrato social bajo, afroamericanos o también latinos. Para los jóvenes, académicos e intelectuales esto significó la prueba de las desigualdades sociales existentes en una sociedad que buscaba convertirse en una “Gran Sociedad”, según la visión de Lyndon B. Johnson[7].

Fueron estas situaciones las que finalmente generaron un cambio en la opinión pública. Al comienzo de la guerra, el reconocido periodista estadounidense Walter Cronkite, apoyaba la intervención estadounidense durante las transmisiones televisivas. Sin embargo, el paso de los años y la publicación de imágenes como la de un general vietnamita ejecutando a un soldado del Vietcong[8], hicieron que Cronkite sintiese que la guerra estaba por terminar y que lo mejor que podía hacer EEUU era salir del conflicto “no como ganadores, sino como personas honorables que prometen defender la democracia y lo hacen de la mejor manera posible”. Alrededor de nueve millones de televidentes vieron al periodista de televisión y, junto con él, se cuestionaron la permanencia de EEUU en Vietnam[9].

Cerca de las fechas de elecciones para la presidencia de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson decidió no postular a la reelección y dejó el camino libre al Partido Republicano, representado por Richard Nixon. La idea inicial de crear esta “Gran Sociedad” se iba haciendo cada vez más lejana.

Nueva administración y el declive del conflicto

Durante su presidencia, Nixon continuó e incrementó la participación de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. Su administración no podía lidiar con una derrota[10], después de todos los esfuerzos que otros presidentes estadounidenses habían hecho en este conflicto. Para continuar, decidió dar un giro que enfrentara también los cambios de la opinión pública, las protestas y la información cada vez más detallada que exponían los medios.

Richard Nixon durante su campaña presidencial en Filadelfia © Office of the President of the United States

Así, el nuevo presidente norteamericano decidió trabajar el tema desde dos flancos. Uno de ellos fue la “desaparición” de Estados Unidos en territorio vietnamita, entregándole total apoyo a Vietnam del Sur, tanto en lo económico como en lo militar, para que la fuerzas militares locales asumieran total responsabilidad en la defensa del territorio y poder retirar a las tropas estadounidenses. El segundo: la vía diplomática. Nixon retomó relaciones con China y la Unión Soviética, con el objetivo de lograr que ambas naciones dejasen de financiar a Vietnam del Norte[11]. Así fue como en junio de 1969 hizo el retiro de 25 mil de los 500 mil soldados que en algún momento Johnson había dispuesto en el lugar.

Sin embargo, la posibilidad de ser derrotado pesaba más, por lo que la administración dejó de lado el plan diplomático y se prepararon más bombardeos de napalm y de químicos, como el agente naranja, para acabar con todo lo que estuviese en territorio vietnamita.

El costo de perder una guerra

Ya a principios de la década del 70 empieza a verse una especie de desenlace. Mientras los bandos rivales podían pasar meses sin enfrentarse, se desataban batallas menores que en su mayoría daban por victoriosa a los Estados Unidos, pero frente a un costo alto: la creciente desaprobación de la opinión pública.

Luego de las infructuosas conversaciones para acordar una paz entre Estados Unidos y Vietnam, producidas entre 1969 y 1973, dos años después se declara de manera definitiva el final de este conflicto con la victoria de Vietnam del Norte.

Parte de la población vietnamita intentó huir del país para evitar las represalias que el Vietcong podía tener en contra de la ciudadanía considerada desertora de la República Democrática. Esta fuga de ciudadanos no solo llegó a los países vecinos de Asia, si no también a los Estados Unidos.

El país norteamericano hizo lo propio organizando la retirada del personal diplomático, ciudadanos y colaboradores vietnamitas. Un movimiento de tropas que también registró la prensa estadounidense en general[12].

Más allá de discutir quién ganó o perdió la guerra, es interesante indagar las repercusiones que tuvo incluso años después de su final. La población estadounidense tenía la percepción de que el país debía ir en ayuda de otros que pudiesen estar viendo en riesgo la posibilidad de vivir en libertad y al comienzo creyó que eso sucedía en Vietnam. Pero a lo largo del desarrollo de la guerra apareció la duda de si era correcta o no la intervención estadounidense, teniendo en cuenta las muertes y el nulo avance del objetivo. Poco a poco fue quebrándose esta visión que los norteamericanos tenían de sí mismos como una sociedad íntegra. En cambio, la reflexión que se hizo al perder la Guerra de Vietnam fue que esa “Gran Sociedad” que ansiaba Lyndon B. Johnson no era real[13].

A pesar de que la Guerra de Vietnam finalizó en 1975, quedaron huellas difíciles de ignorar. Los defoliantes utilizados para eliminar la vegetación se hicieron notar durante muchos años, provocando daños físicos en las personas que se vieron expuestas a los químicos, provocando, entre otras cosas, infertilidad y malformaciones en la población, incluso en los nacidos posterior al conflicto, e imposibilitando la siembra de alimentos.

La derrota fue un golpe duro a la autopercepción estadounidense, ya que significó asumir el gigante del norte no era invencible, sintiéndose engañados por sus líderes políticos. La idea de que eran gobernados por hombres correctos se había acabado junto con la guerra[14].

Los veteranos de Vietnam también se convirtieron en símbolo de la derrota. Muchos de ellos retornaron con daños físicos y sicológicos luego de haber peleado por su país. Al volver, el estrés postraumático les costó la readaptación a la sociedad, al medio y a sus familias. La nación no hacía lo suficiente para entregarles lo que necesitasen, tanto en lo social como en lo sicológico.

Finalmente, el desprestigio a nivel mundial también marcó a la nación estadounidense. Si ya los ciudadanos estaban descontentos con sus gobernantes, los ojos del planeta veían cómo un país había sostenido una guerra que había sido descrita por los medios como sangrienta y larga, sin justificaciones ni necesidades.


[1] Último emperador de Vietnam. A favor de la colonización francesa, el país galo lo dejó como emperador de Vietnam cuando la región era parte de la Indochina francesa. También permitió la ocupación por parte de Japón. Y después de la rendición de los nipones, dejó el cargo. En 1949 y los franceses lo nombraron jefe de Estado del Vietnam Unido, pero cuando se pierde la guerra de Indochina, Bao-Dai parte al exilio.
[2] Político, militar e insurgente vietnamita. Primer ministro (1945-1955) y presidente (1955-1969) de Vietnam del Norte. Fue clave en la fundación de la República Democrática de Vietnam en 1945, del Ejército Popular de Vietnam y del Vietcong durante la Guerra de Vietnam.
[3] Político vietnamita, recordado por su papel en el establecimiento de la República de Vietnam (Vietnam del Sur) convirtiéndose en su primer presidente.
[4] Wiest, A. Essential Histories. The Vietnam War 1956-1975. Osprey Publishing. Reino Unido. 2002.
[5] Wiest, A. Essential Histories. The Vietnam War 1956-1975. Osprey Publishing. Reino Unido. 2002.
[6] Ibid.
[7] Wiest, A. Essential Histories. The Vietnam War 1956-1975. Osprey Publishing. Reino Unido. 2002.
[8] Dentro del contexto de la Ofensiva del Tet en 1968.
[9] Wiest, A. Essential Histories. The Vietnam War 1956-1975. Osprey Publishing. Reino Unido. 2002.
[10] Guerrero, J. A.; Carbó, E.; Carbonell, L.; Prat, J.; Guerrero, L. J.; Solé, R.; Hernández, A. Crónica de la Guerra de Vietnam 1965-1975. Barcelona. 1988.
[11] Wiest, A. Essential Histories. The Vietnam War 1956-1975. Osprey Publishing. Reino Unido. 2002.
[12] Moore, Harold G.; Galloway, J. L. (2003). Cuando eramos soldados… y jóvenes. Barcelona: Ariel.
[13] Wiest, A. Essential Histories. The Vietnam War 1956-1975. Osprey Publishing. Reino Unido. 2002.
[14] Ibid.

 

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