En el discurso pronunciado durante un acto de proclamación como candidato presidencial realizado en el Teatro Caupolicán el 18 de junio de 1964, Eduardo Frei Montalva presentaba su Programa de Gobierno en el que abordaba las principales ideas de cinco grandes tareas a las que se abocaría su gestión en caso de ganar las elecciones de septiembre de ese mismo año.
Entre los cinco pilares del programa se encontraba el de la educación, ámbito considerado fundamental para el desarrollo social, material y espiritual de los chilenos, convirtiendo a la Reforma Educacional en una de las primeras preocupaciones de su gobierno a pocos días de haber asumido su mandato presidencial.
La gran transformación de la educación en Chile se llevó a cabo en etapas que abordaron el aumento de matrículas, la construcción de escuelas, el perfeccionamiento docente, modificaciones de la estructura de los niveles de escolaridad y cambios en los programas de estudio.
En este contexto, este 2026 la extensión de la educación primaria cumple 60 años desde su inicio con la implementación del 7° año de enseñanza básica que comenzó su año escolar en abril de 1966. Tras ello tomó forma el sistema de ocho años de educación básica y cuatro de secundaria que se mantiene hasta nuestros días y que provocó cambios importantes en la vida de miles de niñas y niños de nuestro país.
La necesidad de una reforma
Un cambio en el sistema educacional chileno siempre fue planteado por Eduardo Frei Montalva como una necesidad imperiosa para la sociedad. Desde las cartas intercambiadas con Gabriela Mistral en los inicios de su vida política, hasta sus declaraciones previas a la elección presidencial de septiembre de 1964, Frei manifestó su preocupación por las altas tasas de analfabetismo, el ausentismo y la deserción escolar, la falta de escuelas y otras carencias de la educación en Chile.
Pese a los esfuerzos realizados durante la primera mitad del siglo XX, el progreso en esta materia fue muy lento y hasta la década de 1960 aún no se cumplía con la obligatoriedad de instrucción primaria establecida por ley desde 1920. Más de la mitad de los niños dejaban la escuela antes de terminar los primeros 3 años de enseñanza primaria, lo que provocó altas tasas de analfabetismo y una escasa preparación para la vida laboral, perpetuando las condiciones de pobreza en un porcentaje alto de la población, tampoco se habían materializado esfuerzos por asegurar la continuidad de estudios en la enseñanza secundaria, mucho menos hacia la educación universitaria, manteniendo a la gran mayoría de los chilenos en niveles muy bajos de instrucción. Así, el gobierno de Frei Montalva dio prioridad a la educación dentro de su programa y un par de días de asumido el mando en noviembre de 1964 se dictaron las primeras directrices para sacar adelante la mayor transformación del sistema educacional chileno visto hasta ese entonces.
La primera etapa, conocida como el Plan Extraordinario de Educación, se abocó a lo que se consideró más urgente: ampliar rápidamente la capacidad de la enseñanza primaria con el aumento de la cantidad de establecimientos educacionales y la dotación docente, para incorporar a miles de niños que se encontraban fuera del sistema para que iniciaran su año escolar en 1965.
Este impulso inicial significó un esfuerzo enorme y movilizó a diversos sectores de la sociedad, logrando habilitar más de 3.500 nuevas salas de clases y preparar a cerca de 2.600 profesores que recibieron en 1966 a los más de 180.000 nuevos estudiantes de primaria.
Ya para el año escolar 1966, el gobierno se propuso poner en marcha la Reforma Educacional, que en palabras del propio presidente “significa un profundo cambio de los objetivos, estructura, contenido y métodos de la educación chilena para servir al desarrollo integral del país”. Se esperaba que el nuevo sistema no sólo abordara los problemas en educación que se venían diagnosticando desde hace años, sino también que contribuyera en un plano más amplio a la formación cultural de las personas y en su integración al ascenso de los grupos sociales a nuevas formas de vida en lo material y en lo espiritual.
Del proyecto de reforma, la información conocida es lo referido a la reorganización de los años de enseñanza escolar, la construcción de escuelas y liceos, la implementación de nuevos programas de estudio para todos los niveles y la presentación de un programa de capacitación y perfeccionamiento docente.
Se diseñó y distribuyó nuevo material de estudio de forma gratuita en todas las escuelas y liceos del país y se implementó el uso de un uniforme escolar reglamentado. Ambas medidas tuvieron como meta compartida la democratización de la enseñanza.
En ese mismo sentido, se eliminó el examen de ingreso a la enseñanza secundaria y se implementó la promoción automática, con lo cual el sistema se hizo menos selectivo para los niños que deseaban continuar sus estudios al finalizar la enseñanza primaria. Con un objetivo similar, se modificó completamente el examen de ingreso a las universidades, eliminando el bachillerato e implementando la Prueba de Aptitud Académica (PAA).
Nació en esta época la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB), organismo clave para la escolarización de los niños más pobres y para disminuir el ausentismo escolar gracias a la entrega de alimentación, materiales escolares e incluso uniformes. También surgió la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), a través de la cual el Estado asumió un rol en el cuidado de la primera infancia. Para los niveles más adultos de la educación se creó el Instituto Nacional de Capacitación (INACAP) en el que los recursos estatales se enfocaron en la capacitación de trabajadores y técnicos.
No se puede dejar de mencionar a otros dos organismos clave surgidos en el contexto de la reforma, el primero de ellos es el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICYT), entidad creada para fomentar el desarrollo científico del país. Por último, de enorme importancia y en el corazón del proceso, el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP), desde donde surgió la reforma curricular que cambió los programas de estudio de los niveles básico y medio y que además es el responsable de la capacitación y evaluación de los docentes hasta nuestros días.
Así, el planteamiento de esta transformación del sistema escolar da cuenta no sólo de una voluntad política al servicio de los niños y adolescentes de nuestro país, sino también de las capacidades técnicas de sus gestores, quienes implementaron un modelo sin precedentes fundado sobre ideas educacionales innovadoras que incluso serían implementadas en otros países con posterioridad.
No se trata sólo de alfabetizar
Con esta frase, del propio Eduardo Frei Montalva, quedaba claro que el proyecto de Reforma Educacional planteado desde su campaña presidencial buscaba un cambio profundo y sostenible en el tiempo, que respondiera a diferentes necesidades y desafíos.
La reforma contempló entonces un reordenamiento en la estructura escolar. El nivel primario pasó de 6 a 8 años de Educación General Básica. Mientras el nivel secundario se redujo de 6 a 4 años de Educación Media, pero con la diferenciación de modalidades científico-humanista y técnico profesional.
En esta ocasión nos enfocaremos en las implicancias del cambio para la educación primaria, por considerarse la base del sistema, el corazón de la reforma y además el único ciclo obligatorio para aquel entonces.
Cuando en diciembre de 1965 se promulgó el decreto que estructuró la Educación General Básica, se establecía que esta se implementaría paulatinamente en los próximos dos años hasta completar los 8 cursos. Se esperaba que este ciclo llegara a ser de 9 años en el futuro, situación que no se materializó.
En la misma fecha se promulgó también el decreto que creó el 7° año básico con el cual debía comenzar la extensión del ciclo mencionado. Para ello el Estado dispuso que este nuevo curso debía iniciar su año escolar en abril de 1966 lo cual significó un exhaustivo trabajo de preparación para esta nueva generación de alumnos en el sistema.
Los séptimos básicos que se formarían por primera vez lo harían con el conjunto de estudiantes que completaran su sexto año de primaria y con aquellos que fueron inscritos para completar sus estudios a fines de 1965 y que sumaban más de noventa mil postulantes sólo para las escuelas fiscales.
Si bien este curso aún no tendría el carácter de obligatorio, el alto número de inscritos reveló el interés de las familias de que sus hijos continúen la escuela. Este interés fue incluso más notable en las zonas rurales, donde no había establecimientos para ello y se tuvo que hacer un esfuerzo aún mayor para llevar el sistema a nuevas localidades.
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