Casa Museo Eduardo Frei Montalva dedica tradicionalmente el mes de julio de cada año a recordar la llegada del hombre a la Luna por ser un hito clave en la historia del siglo XX y del cual guardamos en nuestra colección un especial obsequio recibido por el presidente Frei de manos de astronautas estadounidenses que visitaron Chile en 1970.
Sin embargo, esta hazaña de llevar varias misiones tripuladas a nuestro satélite natural sólo es el corolario de una década previa dedicada a la exploración del espacio, donde no sólo Estados Unidos puso sus esfuerzos, sino también la Unión Soviética, dando vida a un fenómeno de evidente competencia por demostrar supremacía científica, tecnológica y económica conocido como la Carrera Espacial.
En este contexto, durante el gobierno de Frei Montalva, Chile no sólo recibió la vista de emblemáticas figuras del programa espacial estadounidense en 1966 y 1970, sino también del cosmonauta soviético Alekséi Leónov el primer hombre en nuestra historia en llevar a cabo una salida extra vehicular, o caminata espacial como se conoce comúnmente. Y aunque su visita es mucho menos conocida, representa el interés de nuestro país por los avances en materia aeroespacial y la intención de mantener la puerta diplomática abierta con el bloque del este durante la Guerra Fría.
Por ello, en esta ocasión volcaremos la mirada hacia el programa espacial soviético entre finales de la década de 1950 y 1971, además de mencionar algunos detalles de la visita de Leónov a nuestro país.
Refresquemos un poco la memoriaEn 2019, con motivo de los 50 años de la llegada del hombre a la Luna, publicamos en esta misma plataforma un artículo titulado “We choose to go to the Moon”, haciendo referencia a la emblemática frase con la que John F. Kennedy anunciaba en 1962 el objetivo más ambicioso fijado hasta entonces dentro del programa espacial estadounidense, que un ser humano pisara la Luna antes de que finalizara la década.
Al comienzo del mencionado artículo abordamos algunos antecedentes y reflexiones sobre el camino recorrido antes del éxito de la misión Apolo 11, como los desafíos tecnológicos que implicaba realizar dicha hazaña en cuanto a materiales, herramientas y maquinaria para salir al espacio. También se habla sobre las investigaciones físico-gravitacionales para el cálculo de trayectorias, puntos de lanzamiento, definición de horarios y fechas precisas para garantizar el éxito de los vuelos. Mencionamos las necesidades que surgen cuando comienzan las misiones tripuladas, donde se hizo necesario incorporar el entrenamiento de los astronautas y las garantías para su soporte vital. Culminando esta primera parte del texto con la importancia que tuvo para el desarrollo de los objetivos estadounidenses la creación de una institucionalidad exclusiva para la exploración espacial que, si bien demandó una enorme inversión para la infraestructura y el personal que se necesitaban para su implementación, también fue el factor decisivo para el éxito del programa que se hizo especialmente notorio desde la segunda mitad de la década de los 60.
Otro aspecto fundamental que desarrollamos en aquel artículo de 2019 fue el contexto internacional en el que se materializaron los objetivos relacionados con el espacio, la Guerra Fría, con la constante presión y competencia entre las potencias dominantes -Estados Unidos y la Unión Soviética- por demostrar la supremacía científica, tecnológica y por supuesto económica que les permitían ir cumpliendo las metas cada vez más ambiciosas y que dieron vida a un fenómeno bautizado como la carrera espacial.
La mención en el texto de una serie de hitos sucedidos entre 1957 y 1965 dan cuenta de cómo hasta esa fecha la Unión Soviética parecía dominar la conquista del espacio, desde la puesta en órbita del primer satélite artificial que dejó a la comunidad internacional es el asombro absoluto por la rapidez con que lo consiguió, hasta la primera “caminata” espacial que puso al un hombre fuera de la cápsula donde se transportaba durante 12 minutos, la URSS se adelantó a cumplir cada meta con una rapidez que sorprendía, pero que también escondía diversas situaciones que fueron mermando la eficacia de sus misiones.
El artículo que hemos aludido se concentra finalmente en los detalles de las misiones estadounidenses que van a mostrar enormes avances desde 1965 hasta concretar el objetivo de llevar una tripulación a la superficie lunar. Por ello, les invitamos a leerlo si quieren conocer más detalles sobre este tema, pues a partir de aquí volcaremos nuestra mirada al Este para conocer algunos detalles del Kosmicheskaya Programma -CCCP- el Programa Espacial Soviético.
El Programa Espacial SoviéticoLa primera característica que vamos a señalar de la iniciativa aeroespacial de la Unión Soviética de esta época es que no existió un organismo central que coordinara todo el programa. Y es que, si bien las iniciativas estaban ligadas a la coordinación del Ministerio de Ingeniería General, lo cierto es que diferentes proyectos, con sus propios objetivos, competían entre sí llevados a cabo por un conjunto de empresas, por lo que hubo competencia entre ellas, superposición de proyectos y por supuesto dilución de los recursos, que inevitablemente afectó la eficiencia de las misiones con el correr de los años.
Sin embargo, pese a esta dispersión, hubo una figura clave del programa que asumió el liderazgo de este entre 1951 y 1966, Sergei Korolev. Aunque su trabajo no estuvo exento de las dificultades de tener que cumplir con prioridades de carácter militar, logró con el tiempo convencer a sus superiores de la importancia de fijarse objetivos espaciales de carácter científico con los cuales poder competir con los anuncios de los Estados Unidos a mediados de la década de los 50 de las intenciones de lanzar un satélite durante el Año Geofísico Internacional (1 de julio de 1957 al 31 de diciembre de 1958).
Los primeros objetivos del proyecto soviético se materializaron en el programa Sputnik, que consistió en la puesta en órbita de pequeños y simples satélites, logrando el primer triunfo de la carrera espacial con el Sputnik I el 4 de octubre de 1957. El primer satélite artificial terrestre de la historia transmitió desde el espacio durante 22 días y se mantuvo en órbita durante tres meses.
Sputnik I simboliza el comienzo de la competencia entre las potencias dominantes y fue una sorpresa total para la comunidad internacional que no esperaba que este logro viniera desde la URSS. Además, a partir de la misión siguiente el CCCP incluyó experimentos con seres vivos -emblemática fue Laika, en el Sputnik II- preparando el camino para prontamente sorprender nuevamente al mundo, esta vez con vuelos tripulados.
Entre 1961 y 1963 fue puesto en marcha el programa Vostok, que consistió en vuelos de naves tripuladas que llevarían al espacio al primer hombre -Yuri Gagarin- y la primera mujer -Valentina Tereshkova- en 1961 y 1963 respectivamente. Con un total de seis misiones, se marcaría una etapa de superioridad soviética en la conquista del espacio, pero desafortunadamente el éxito sólo se mantendría hasta mediados de los 60.
El siguiente nivel vino de la mano de mejoras a la nave Vostok para permitir vuelos multiplaza (más de un tripulante), salidas extra vehiculares, aterrizajes suaves y alcanzar órbitas más altas. Comenzó así el programa Vosjod que, a pesar de las notables y prometedoras mejoras, también presentaba dificultades que pusieron en jaque el éxito de las misiones, con cabinas incómodas y más inseguras como costo de poder transportar más cosmonautas.
Así, conforme avanzó la década de 1960 la supremacía soviética se fue desvaneciendo entre el manejo comunicacional estratégicamente muy diferente con los Estados Unidos, los múltiples proyectos rusos que se llevaban a cabo en paralelo y, por supuesto, los progresos que fue consiguiendo la NASA conforme se fue consolidando como organización.
¿Y la llegada del hombre a la Luna? Si bien para Sergei Korolev esta parecía ser la meta más evidente a la cual aspirar dentro de los avances del programa, para las autoridades de la URSS este no fue un objetivo sino hasta que en 1962 los Estados Unidos hizo públicas sus intenciones de posar una misión tripulada en la superficie lunar antes de que terminara la década en curso. Sin embargo, recién en 1964 Korolev obtuvo una confirmación para sumarse a la competencia por llegar a la Luna, y es que hasta entonces las ambiciones espaciales soviéticas estaban en conseguir que un vuelo tripulado llegase a Marte.
Lamentablemente para este entonces las maniobras exitosas fueron mermando y al consultar diferentes fuentes que analizan con mayor profundidad este tema, muchos coinciden en los factores que contribuyeron a que la balanza se inclinara en sentido contrario para la URSS. Por ejemplo, dada la extrema reserva con la que se trabajaba dentro del programa, las opiniones coinciden en que es muy probable que no existiese un cronograma claro, como si lo hizo la NASA. Además, pese a los esfuerzos de Korolev, seguía primando la motivación militar y estratégica para definir las pruebas o los vuelos, dificultando la continuidad del programa debido a la falta de un enfoque científico que sustentara el futuro del CCCP, pues sin investigación no hay conocimiento. Considerando esto y otros elementos más de carácter político que no abordaremos en esta ocasión, es altamente probable que más que un programa como tal, esto se tratase más de una consecución de lanzamientos relativamente azarosos, sujetos a disponibilidad de recursos -como los cohetes- y determinados por un afán de superar los objetivos de fue declarando abiertamente su par estadounidense.
A lo anterior hay que agregar un hecho que golpea fuertemente el ya tambaleante programa espacial de la Unión Soviética, que fue la muerte de Sergei Korolev en 1966. Sin este hombre cuyo sueño de los viajes espaciales mantuvo vivo el ímpetu por llevar a la humanidad más allá de la frontera terrestre, se sucedieron mayores y más recurrentes fracasos en aquellos vuelos tripulados que debían demostrar las capacidades de la URSS para llegar a la Luna.
Si bien desde 1961 se trabajaba en el programa Soyuz -el último que mencionaremos en esta ocasión- el primer vuelo tripulado de esta serie se intentó recién en 1967, una misión que comenzó como una nueva conquista exitosa, pero que finalizaría trágicamente con la primera muerte de un tripulante en lo que iba de la carrera espacial. El experimentado cosmonauta Vladimir Komarov fue seleccionado para volar la Soyuz 1, misión que tras ponerse en órbita presentó problemas técnicos que Komarov logró controlar lo suficiente como para mantenerse en curso, pero que hicieron imposible completar los objetivos. Se le ordenó regresar, pero en el reingreso un nuevo fallo le costó la vida tras estrellarse en la superficie terrestre.
En paralelo, la NASA completaba exitosamente sus misiones convirtiéndose en el nuevo referente aeroespacial con hitos como el primer vuelo orbital tripulado alrededor de la Luna realizado en diciembre de 1968.
Las misiones Soyuz 4 y 5 fueron los últimos vuelos soviéticos antes de que Estados Unidos lograra llegar a la Luna con el Apolo 11. Fueron lanzadas en enero de 1969 con el objetivo de realizar el primer acoplamiento de dos naves tripuladas en órbita y el intercambio de la tripulación entre los vehículos espaciales. Sin embargo, las metas planteadas para estas misiones permiten deducir que para ese entonces el CCCP ha perdido su interés por ganar la competencia por llegar a la Luna y parece más evidente el interés por concretar un nuevo desafío, el de la primera estación espacial, proyecto que fue implementado en los 70 y al que quizás nos referiremos en otra ocasión.
Antes de abordar un nuevo aspecto dentro de este artículo, queremos mencionar que los programas descritos anteriormente no fueron las únicas iniciativas espaciales soviéticas de la época, y es que por el momento sólo nos concentramos en aquellas que nos permiten hacernos una idea más general en el contexto del fenómeno de la carrera espacial, pero vale la pena señalar que otras misiones, de carácter no tripulado, realizaron enormes avances en materia de exploración extra terrestre, con vuelos alrededor de la Luna -donde captaron la primera imagen de su cara oculta- y también una serie de lanzamientos con destino a Marte y Venus. Esperamos en una futura ocasión volver sobre esta época y abordar estas temáticas.
La visita de Alekséi Leónov a ChileEl próximo mes de noviembre se cumplirán 60 años de la visita del cosmonauta Alekséi Leónov a nuestro país, uno de los varios personajes relacionados con la carrera espacial que estuvieron en Chile durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva.
Su viaje, en el que según registros de prensa recorrió las ciudades de San Antonio, Santiago y Punta Arenas, se enmarcó en una actividad científico académica de carácter internacional realizada en la capital nacional a entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre de 1966, la Conferencia Internacional de Aeronáutica que se llevó a cabo en los salones del Congreso Nacional, contó con la presencia del Presidente de la República en su sesión inaugural y convocó a delegaciones de más de una veintena de países, donde Leónov fue uno de los participantes emblemáticos del grupo soviético siendo ya el reconocido cosmonauta que poco más de un año antes de su visita -en marzo de 1965- se había convertido en el primer hombre en realizar una caminata espacial durante la misión Vosjod 2.
Arribó a Chile el viernes 25 de noviembre, fue recibido junto a otras delegaciones en diversas actividades, como una presentación del Cuadro Verde en la Escuela de Carabineros el domingo por la mañana y un viaje a la ciudad de Viña del Mar donde pasaría la noche. Para el lunes participaría de las primeras actividades relacionadas con la Federación Aeronáutica Internacional, reunión con la prensa y un consejo en el Hotel Miramar, un recorrido por la zona y una visita nocturna al casino de la ciudad jardín causando gran alboroto entre quienes allí se encontraban y no dudaron en acercarse y pedirles autógrafos.
Durante la conferencia de prensa, el cosmonauta fue un de los focos principales de atención para los periodistas, quienes obviamente le preguntaron por su experiencia del año anterior, pero también abordó asuntos relacionados con vuelos civiles, cooperación aeroespacial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos y cuestiones más polémicas como los rumores de accidentes fatales, supuestos problemas técnicos, el retraso en las misiones programadas y la competencia con la potencia norteamericana por la conquista del espacio, situaciones que fueron negadas tajantemente por él, incluso con “cierta molestia” como señala la prensa.
A su regreso a Santiago, la jornada del martes inició con visitas de autoridades del gobierno y la Fuerza Aérea, fue recibido por el Presidente Frei Montalva en el Palacio de la Moneda y por la tarde correspondió la inauguración oficial de la Conferencia Mundial en el Salón de Honor del Congreso Nacional y cuyas sesiones de trabajo se llevaron a cabo entre el miércoles 30 de noviembre y el sábado 3 de diciembre según consigna el Diario La Nación.
Dentro de los variados asuntos a tratar durante el evento que lo trajo a Chile, estaba planificada una instancia de premiación para destacados personajes quienes llevaron a cabo diferentes hazañas y otros aportes para la aeronáutica, entre ellos Leónov quien recibió la Medalla de Oro del Espacio, reconocimiento de parte del organismo internacional convocante a la cita por su experiencia de la primera caminata espacial.
Además de las sesiones propias de la conferencia, las delegaciones participaron en múltiples actividades que diferentes entidades prepararon para agasajar a los visitantes internacionales. Por ejemplo, la Línea Aérea Nacional -LAN- ofreció un almuerzo en la terraza del aeródromo de Tobalaba y por supuesto entre los asistentes el cosmonauta soviético fue de los que más atrajo la atención. De igual forma que en el almuerzo ofrecido por el alcalde de Las Condes tras la sesión de clausura de la conferencia, siendo esta jornada la última de actividades que se detallan en la prensa oficial.
Después de finalizar la agenda en la capital, las delegaciones se trasladarían a la ciudad de Punta Arenas, desafortunadamente no hemos encontrado detalles de la estadía de Leónov en la ciudad austral ni tampoco del día exacto en que dejó nuestro país, pero no queda duda que su paso por Chile no pasó desapercibido y que contrario a lo que pudiese pensarse, el hermetismo con que se llevó a cabo el programa espacial soviético no fue impedimento para que sus figuras más icónicas viajaran a otros países dando a conocer sus experiencias.
Comentarios cerrados.