Destacado del Mes de Mayo: Oficina salitrera María Elena

5 de May de 2026

En este mes de mayo queremos recordar uno de los lugares habitados del norte de Chile más significativos de nuestra historia: la oficina salitrera. Un tipo de ciudad que nació gracias a la aparición del salitre, mineral que fue la principal riqueza desde mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Hablaremos, sobre una oficina en particular, la única que sigue existiendo y funcionando hasta el día de hoy: la oficina salitrera María Elena.

El salitre en Chile

Desde que se descubrió el salitre en el norte de Chile, en la década de 1860, las personas se desplazaron hacia esa zona. Tanto los mismos chilenos, como también varios extranjeros que dejaron sus patrias, como los estadounidenses y europeos. Todos tenían el mismo objetivo, que era ser parte de esta nueva oportunidad laboral que se presentaba: la extracción del mineral que después será conocido como “oro blanco”.

En esos años, las personas que llegaban a trabajar vivían en las cercanías de los trabajos y en la provincia de Antofagasta, donde se ubica María Elena. Los campamentos mineros estaban muy cerca de las calicheras donde se extrae el salitre.

Para obtener este mineral existieron tres métodos de extracción: de paradas, Shank y Guggenheim, desde el método más básico al más avanzado respectivamente. Además, coincidentemente, dependiendo del sistema utilizado, la calidad de las viviendas de los trabajadores.

Una de las primeras maneras de extraer salitre fue el sistema de paradas, también se le llamó de fuego directo, ya que se calentaba el salitre directamente con fuego. Era un sistema precario que al utilizarlo se perdía bastante cantidad de salitre y se consumía harto combustible. Las viviendas de los trabajadores eran bastante básicas por ejemplo usaban lo que tenían a mano para poder tener abrigo, eran construcciones hechas de costra, nombre de la segunda capa del caliche; cañas, cuero y adobe.

El siguiente sistema, Shanks, fue un método que se adaptó de uno británico que se usaba para trabajar el carbonato de sodio. Quien lo adaptó fue uno de los hombres más conocidos y siempre asociado al concepto de las oficinas salitreras, Santiago Humberstone.

Este proceso, que era de cinco etapas, era más evolucionado que el de paradas, por lo que ayudó a que las viviendas de los trabajadores de esas calicheras también vivieran en lugares un poco mejor que los anteriores. En este momento se provocó la evolución de las viviendas de campamentos mineros a oficinas salitreras.

Las viviendas de las oficinas que usaban en el sistema Shanks eran distintas a las de los campamentos cercanos a los que utilizaban el de paradas. Además de las casas, que estaban una al lado de la otra, también había una oficina de administración que estaba en un lugar más alto, y el lugar tenía servicios, como pulperías, cantinas o fondas. También había una distancia mayor entre la planta en la que se trabajaba y los lugares en los que vivían los obreros. En los campamentos donde vivían los trabajadores y sus familias, comenzaron a formarse agrupaciones comunitarias, por ejemplo, grupos de teatro, socorros mutuos, y otras agrupaciones relacionadas con la música. De hecho,  el historiador Óscar Bermúdez, que se enfocó en el periodo salitrero, , llamó a estas oficinas “la civilización Shank”, porque la mejora en la calidad de vida de los trabajadores era mucho mejor que la de paradas.

Otro aspecto que cambió entre ambos sistemas fue el aumento en la producción y por lo tanto venta del salitre; el sistema Shanks logró que se abarataran los costos de producción y que se aprovechara el nitrato de menor ley. Pero cuando en Alemania se inventó el salitre sintético, el sistema Shanks pasó a ser costoso. En ese contexto surge el sistema Guggenheim.

En plena crisis económica que provocó esta invención, se empezó a usar el sistema Guggenheim. Este nuevo método mejoró aún más el proceso productivo, ya que “se utilizaba nitrato de baja ley y se recuperaba prácticamente el doble del salitre contenido en el caliche.”

El nombre del proceso viene del apellido de los dos hermanos empresarios Guggenheim, quienes crean “Guggenheim Brothers”. Para 1924, esta empresa hizo varias compras; primero, compraron varias estacas salitreras, muchas de ellas pertenecientes a la oficina Coya Norte. Luego, adquirieron la Anglo Chilean Nitrate & Railway Co., con lo que lograron controlar el ferrocarril que unían el cantón con el puerto de Tocopilla. Y finalmente decidieron crear una nueva empresa: Anglo Chilean Consolidated Nitrate Co., con la finalidad de construir una gran oficina que se fusionara con este nuevo sistema.

Así nació María Elena, la primera oficina salitrera que usaría este sistema de extracción.

Las obras comenzaron en 1925, con la planta y el campamento. En 1926 se terminó de construir y la planta empezó a funcionar el 22 de noviembre del mismo año. El comienzo fue bastante fructífero, ya que la producción fue cuatro veces más que la oficina Chacabuco, que en esa época fue la planta más grande que usaba el sistema Shanks, de hecho, tuvo que cerrar en la década del 40 porque ya no era sostenible económicamente.

Cómo era María Elena

Esta oficina/ciudad construida en plena pampa a 1.200 metros de altura sobre el nivel del mar, por la mencionada empresa Guggenheim Brothers, les dio el éxito que tanto buscaban, incluso se le llama cultura Guggenheim a la creación de estas oficinas, la nueva forma que tenían para trabajar y la forma de vida dentro de ellas.

María Elena se encontraba a unos 70 kilómetros del sector El Toco y a unos 220 kilómetros al noreste de la ciudad de Antofagasta. El sector era conocido como Coya Norte, en 1927 pasó a llamarse María Elena, como homenaje a Mary Ellen Comdon, esposa del primer administrador, Elías Cappelen Smith, que había fallecido un tiempo antes.

Guggenheim Brothers fue la dueña exclusiva de todo, es decir, el suelo y lo construido (lo industrial, los edificios de los servicios y las viviendas. Es indudable que tal situación influyó en los modos de vida y en las conductas relacionadas con el habitar, debido a la fuerte dependencia que establece y la sensación de desarraigo que produce.

Lo que quería la empresa era crear una ciudad industrial en medio de la pampa. A este tipo de poblados se les llama company town. Son lugares que son pensados para que todas las necesidades puedan satisfacerse en ese lugar, tanto en infraestructura como en servicios entregados. Por ejemplo, a diferencia de las oficinas con el sistema Shanks, la oficina María Elena, con el tiempo, sumó más y más servicios. Además de la pulpería, se construyó un mercado, colegios, iglesia, servicios de salud, finalmente, todo lo que fuera necesario para que la oficina funcionara con autonomía, ya que la distancia entre un poblado y otro no era menor y también se debe considerar lo poco amigable que puede ser el desierto del norte de Chile si se va a movilizar a pie, por ejemplo.

María Elena es el único pueblo “de Chile que tiene sus calles distribuidas según el diseño de la bandera del Reino Unido (…). Su valor urbanístico radica principalmente en su trazado (…). Su arquitectura (…) remite a una antigua California mexicana para tratar la escenografía de las edificaciones, recurriendo al corredor como espacio intermedio y valorando el plano y su deliberado recorte contra el cielo.” Al centro de todo está la plaza y en forma de octágono se organizan los servicios, las viviendas de los habitantes/trabajadores y la planta en la que se trabaja.

Quienes han estudiado la zona explican que se identifican cuatro tipos de viviendas y la entrega de estas dependía del rango y la actividad que realizaban los trabajadores dentro de la industria. Y los tipos de vivienda se fueron viendo en los barrios que se conformaron en la oficina María Elena: el americano y el de los obreros.

Primero, la construcción era mucho mejor de los campamentos obreros anteriores: estructura de madera con relleno de hormigón en tabiques de cerramiento y divisiones.

Segundo, la división que se dio con las viviendas terminó conformando dos barrios ya nombrados. En el barrio americano vivían los gringos, norteamericanos que llegaron a vivir a las oficinas, y que ocupaban los más altos cargos ejecutivos. Las casas solían tener todas las comodidades necesarias y muy rara vez una cerca de la otra; tenían un espacio suficiente para tener jardín adelante y atrás, todo pensado para, de ser necesario, hacer crecer las casas y que sean más cómodas.

En el de los obreros, vivían los obreros en general y las familias. A diferencia de quienes vivían en el barrio americano, las casas no contaban con los servicios que hoy se conocen como básicos (higiénicos y agua potable). Además, dentro de ellos había una especie de sub-barrios. Por ejemplo, en el barrio de los obreros, había un sector que le llamaban el barrio boliviano, porque casi todos quienes vivían ahí eran de ese país, y también estaba el barrio de los solteros, que le llamaban buques, porque la forma alargada y el tamaño de las construcciones les hacía pensar en un navío.

Es decir, existía una especie de segregación entre las clases sociales existentes en la oficina salitrera, pero de alguna manera ciertos servicios ayudaban a que la población aprendiera a coexistir.

Sobre los servicios que había para la población ya se nombró la pulpería. También estaba el mercado (1927), que además de ser un lugar para las compras era un espacio para la reunión social, sobre todo para cobijarse a una sombra que protegiera del sol. Ambos espacios muy importantes porque eran los lugares de abastecimiento para los habitantes, que además usaban un sistema de compra y venta muy diferente al que se conoce hoy: el de fichas. Aunque en María Elena, específicamente se usaba el sistema de vales y créditos.

Otras construcciones importantes que llevaban a un convivir entre la población fueron la iglesia San Rafael que se construyó en 1926 y el teatro que se inauguró en la década del 40. Este último significó además que los pudieran disfrutar del tiempo libre, el ocio y la entretención, ya que era el lugar en el que se hacían la mayoría de las fiestas, eventos artísticos y exhibición de películas, como las de Cantinflas o de western.

Todos estos lugares estaban al centro del pueblo y al ir necesitando nuevas construcciones se ubicaban hacia afuera. Por ejemplo, las agrupaciones de comunidades fueron ubicando sus clubes sociales más alejados del centro, y también los servicios de salud, pero el segundo con la idea de darle tranquilidad a los posibles pacientes.

Los edificios industriales, que estaban más alejado del centro social y de las viviendas, hacia el lado norte de este octágono tenían una estructura hecha de acero, revestido de chapa metálica. Los edificios que más destacaban, ya sea por tamaño, importancia dentro del proceso industrial e impacto en la vida de los trabajadores fueron el edificio de molienda, que generaba los principales problemas medioambientales del lugar, y la torre de granulación, que medía unos 45 metros de altura.

Debido a la crisis económica de 1929, conocida como la “Gran Depresión”, la oficina tuvo que parar un par de años sus trabajos (1932-1934). Pero dos partes importantes de la industria (una planta granuladora y una planta de yodo) iniciaron sus actividades, lo que les ayudó a salir rápidamente de la crisis.

En 1950, la empresa de los hermanos Guggenheim (Anglo Chilean Nitrate Co,.) se juntó con la Lautaro Nitrate Co. Ltd., y pasó a llamarse “Compañía Salitrera Anglo Lautaro”. En 1968, la empresa pasó a ser mixta, es decir los dueños eran el Estado por medio de la Corfo y la Lautaro Nitrate Co.Ltd., tomando el nombre SOQUIMICH, Sociedad Química y Minera de Chile. Así la oficina salitrera María Elena pasó a ser parte del Estado. En la década del 70 se nacionalizó por completo.

En 1980 se privatizó el mineral, al aplicar altos impuestos a la exportación, se generaron recursos para el fisco. También inicia un cambio en la modernización no solo de la empresa, también de la oficina en la que viven los habitantes. Aunque parte de esta modernización significó cambiar el sistema de pago, las dirigencias sindicales de la época se preocuparon de que fuera un proceso paulatino pasar del pagar con vales o créditos a pagar de inmediato al adquirir un producto.

Cuando cerró la otra oficina en la década del 90, los trabajadores y sus familias se fueron a vivir a María Elena. La población alcanzó sumas de unas 10.500 personas. En ese momento, la empresa dueña de la oficina salitrera buscó que la vida de los antiguos y nuevos habitantes fuera mucho mejor de lo que fue, eso sí, se mantuvo la planta industrial en la oficina Pedro de Valdivia.

María Elena en el siglo XXI

El 2007 sobrevivió el terremoto en Tocopilla con grandes daños, pero casi todos fueron dentro de los hogares, de las personas que aún habitan la zona, no en la infraestructura de las minas.

María Elena es una empresa reconocida mundialmente, que ha sabido mutar para seguir existiendo. Para los 2000 contaba con 7 mil habitantes aproximadamente.

Este mes de mayo, la oficina salitrera cumple 100 años de existencia y de funcionamiento. Es el último lugar con población que continúa explotando salitre. El valor histórico y arquitectónico que posee hizo que en 2008 recibiera la declaración de Zona Típica, resguardando espacios como el teatro y la iglesia, como monumentos nacionales, convirtiéndola en un testimonio de un periodo económico importante de la historia de Chile y que hoy en día está en condiciones cercanas a las originales de su creación y expansión.

 

Comentarios cerrados.