Destacado del mes: “95 años del Tratado de Lima de 1929”

10 de junio de 2024

Paz y amistad entre Chile y Perú en 1929

A 95 años del Tratado de Lima, repasamos este importante hito de la dificultosa relación entre dos naciones hermanas

Para acercarnos al pacto que firmaron Chile y Perú en 1929, es necesario revisar parte de la diplomacia durante la Guerra del Pacífico y el tratado que suscribieron estos países para terminar ese conflicto armado, y también, especificar los puntos álgidos para llegar, por fin, al acuerdo de 1929. Y este último punto tendrá como base un libro publicado por uno de los protagonistas de estas negociaciones bilaterales, Chile y Perú. Los pactos de 1929, de Conrado Ríos Gallardo, quien asumió en 1927 el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

Conrado Ríos Gallardo, ministro de Relaciones Exteriores de Chile 1927-29.

Cabe destacar que este tratado se logró gracias a múltiples reuniones, cables, cartas, memorándums de los mítines que se tuvieron y  comitivas momentáneas y permanentes. Por lo que es necesario reconocer el trabajo de cada uno de los hombres que estuvo presente durante esta larga pugna (ya que contamos desde 1883 cerrando con el tratado de Ancón, hasta 1929, con el tratado de paz y amistad), pero también debemos honrar al tiempo y la finalidad de este tipo de textos. Por lo que nos enfocaremos en los puntos en discordia entre las naciones litigantes.

La diplomacia durante la Guerra del Pacífico

Es necesario traer a la memoria este conflicto bélico que enfrentó a Chile con Perú y Bolivia en conjunto. Dicha disputa comenzó por un alza de impuestos arbitrario de parte de Bolivia a empresas chilenas.

Perú se involucró apoyando a Bolivia por un pacto que firmaron ambos países, ya que Bolivia no tenía recursos a nivel militar para enfrentarse en un combate. Por lo anterior, en medio de las batallas, en 1880, Bolivia ya no participa en esta guerra en cuanto a lo militar.

Paralelamente a esta guerra desatada, Chile intentó mantener las relaciones diplomáticas, para que por medio de estas lograr la paz. Algo que le costó mucho durante casi todo el desarrollo del conflicto.

Entre medio de políticos y caudillos peruanos que se peleaban reclamando el poder y donde ninguno buscaba la paz. Finalmente, se logra transar con un militar y político peruano, Miguel Iglesias, con el cual se logran  ciertos puntos en común para dar fin a la guerra.

Miguel Iglesias, ya pensando que su país estaba perdiendo la guerra, desde su residencia en la hacienda de Montán entregó un discurso que se le conoce como el Grito de Montán o el Manifiesto de Montán. En este expresó la necesidad de tener paz, ya que consideraba mejor tener patria y libertad que un pedazo de tierra. Así es como Chile pudo retomar la vía diplomática trabajando específicamente con este militar peruano.

De esta proclama al fin del conflicto armado, entre medio de batallas entre chilenos y peruanos, en octubre 1883, se firmó el Tratado de Ancón, y se reconoce la proclama de Iglesias como base para lograr esta salida de paz, que se concreta con la firma del documento.

Mapa de la zona Arica-Tacna luego del tratado de Ancón

 

El debate jurídico y político que dejó Ancón

En el tratado suscrito en 1883 aparece el problema que dificultó las relaciones bilaterales Chile-Perú: el artículo tres.

Lo que dice dicho artículo: “el territorio de las provincias de Tacna y Arica, que limitan por el norte con el río Sama, desde su nacimiento  en las cordilleras limítrofes con Bolivia hasta su desembocadura en el mar; por el sur, con la quebrada y río de Camarones; por el oriente, con la República de Bolivia; y por el poniente con el mar Pacífico, continuará poseído por Chile y sujeto a la legislación y autoridades chilenas durante el término de diez años, contado desde que se ratifique el presente tratado de paz. Expirado este plazo, un plebiscito decidirá con votación popular, si el territorio de las provincias referidas queda definitivamente del dominio y soberanía de Chile o si continúa siendo parte del territorio peruano. Aquel de los dos países a cuyo favor queden anexadas las provincias de Tacna y Arica, pagará al otro diez millones de pesos moneda chilena de plata o soles peruanos de igual ley y peso de aquella.”

También que “un protocolo especial que se considerará como parte integrante del presente tratado, establecerá la forma en que el plebiscito debe tener lugar y los términos y plazos en que hayan de pagarse los diez millones por el país que quede dueño de las provincias de Tacna y Arica.”

Firmado el tratado, las cámaras chilenas (Senado y de Diputados) validaron el texto al año siguiente. Entre medio, Jovino Novoa, el ministro plenipotenciario en Lima y uno de los diplomáticos presente en esta firma, le preguntó directamente a Domingo Santa María, cómo hacer el protocolo que entregaría los pasos para el plebiscito en diez años más. El mandatario no resuelve las dudas de su ministro, así el artículo tres quedó solo en que tenía que hacerse, pero no cómo.

El plebiscito

La relación diplomática entre Chile y Perú tuvo una constante: hacer el plebiscito mencionado en el artículo tres. Y según el tratado, en diez años había que realizar esta consulta ciudadana, por lo que alrededor de marzo de 1894 era el límite impostergable. Pues, no se hizo. Nunca.

Chile en general quería que se hiciera el plebiscito. En cambio, Perú decía sí y no dependiendo de lo que creyese que le conviniera como país; aunque la mayoría de las veces hizo todo lo posible para torpedear el plebiscito, ya que Perú deseaba volver a tener todo el territorio de vuelta.

La vez que se estuvo más cerca de hacer este plebiscito fue durante el arbitraje de Estados Unidos (EEUU). En oportunidades anteriores llegaban solo a discutir quiénes votarían, por ejemplo, si solo chilenos, solo peruanos, todos quienes habitaran la zona por mínimo seis meses. Pero cuando EEUU, por medio de su comisión plebiscitaria, decidieron que se haría el plebiscito, lograron hacer las juntas inscriptoras, las que tuvieron que estar abiertas por alrededor de 25 días, ya que nadie se inscribía para después poder votar en la consulta.

El árbitro

Otro aspecto que fue largamente discutido durante 1883 y 1921, fue la posibilidad de que alguien mediara este entuerto, ya que era difícil para ambas naciones poder ponerse de acuerdo en un solo punto.

Chile tenía una regla respecto a sus relaciones con otros países y era que, si existía un problema, solo los países involucrados debían trabajar para encontrar una solución. Y bajo esa norma Chile manejó cualquier tipo de conflicto que le involucrase. Pero algunos países creían que lo que sucedía entre Perú y Chile no les competía sólo a ellos. Otras naciones de la región podrían verse afectadas de una u otra forma.

En esta oportunidad, EEUU deseaba que esta confrontación terminase pronto. Ya la Guerra del Pacífico capturó las miradas y acumuló temores de otros países respecto a los daños comerciales que se podían provocar (hay que recordar que la zona en disputa tenía puertos que eran centros importantes de comercio) o que la anexión de territorio por parte de Chile fuese de cierta forma imparable.

Con estos intereses y temores EEUU decidió involucrarse. Y la oportunidad perfecta se presentó cuando el presidente Arturo Alessandri decidió romper esta norma diplomática, probablemente para mostrar un espíritu de cooperación.

En junio de 1922 ambas naciones deciden que EEUU sea el árbitro. Por lo que se crean dos documentos: el protocolo de arbitraje y un acta complementaria, para así unos meses después canjear ambos documentos y pedir que se medie la situación. Entonces, el presidente de EEUU en ejercicio, Warren Harding, por medio de su secretario de Estado, entrega la respuesta de que acepta el cargo.

Warren Harding, Presidente de Los EE.UU 1921-1923

A lo largo del arbitraje hubo distintos momentos de tensión, tranquilidad y también de silencio por parte de los tres países. Y cada una de las tres naciones, por lo menos sus distintos representantes, vivieron momentos muy disímiles. Por ejemplo, al comienzo del arbitraje, Chile estaba contento y confiado de que saldría todo a su favor, ya que EEUU había aceptado la tesis chilena, que era la realización del plebiscito. Por lo que la respuesta de Perú fue boicotear la ejecución de este.

Pero a medida que se desarrollaban reuniones entre los representantes la situación fue cambiando. Cuando quienes en algún momento fueron los presidentes de la comisión (primero, el general estadounidense John J. Pershing, para después sucederlo el general William Lassiter) empezaron a mostrar preferencia por Perú, las cosas se complicaron para la diplomacia chilena.

John Pershing, General de los EE.UU.

Como se dijo anteriormente, EE.UU. temía que Chile avanzara respecto a ganar más y más territorio, por lo que se decidió hacer el plebiscito. Pero mientras pasaba el tiempo, los ánimos se encendían, y no solo en Washington durante las reuniones de mediación, también en Tacna y Arica. De hecho, graves enfrentamientos entre la población peruana y fuerzas del orden chilenas, denuncias de malas prácticas, o el hecho de que Chile le prohibiera a curas peruanos realizar misas, por dar algunos ejemplos, hizo que EEUU dudara de las garantías para la realización del plebiscito y que no existiera ningún tipo de fraude.

Finalmente, el anhelo de EEUU era que la discusión sobre el territorio se solucionara lo más pronto posible. Tanto así que a veces algunas de las propuestas del arbitraje parecían raras para Chile y Perú  y a pesar de que algunas de estas ideas, por ejemplo, la división de territorio (que Chile se quedara con una parte y Perú con otra), también se les ocurrió a las naciones en disputa. Pero a lo mejor no era el momento para ese tipo de soluciones.

Un tercero en la discordia

Respecto a lo anterior, una de las soluciones era hacer parte a Bolivia en esta parte de la historia, probablemente porque fue también un protagonista de la Guerra del Pacífico, pero a lo largo de esta Chile y Perú fueron quienes se enfrentaron el mayor tiempo que duró ese conflicto.

Entonces, cuando, por fin, terminó la guerra, Chile varias veces pensó en que Bolivia tenía que de alguna manera ser partícipe de las soluciones y del trabajo para lograrlas. Pero en Perú siempre encontró una férrea oposición.

Cuando durante el arbitraje EEUU dio como solución la división del territorio, algo que Chile también propuso, pero a lo que Perú siempre se negó, en esta oportunidad Chile desconfió. Primero por el cambio de opinión por parte de la diplomacia peruana, segundo, porque Bolivia ya llevaba un tiempo haciendo sus propias conversaciones para ver si podían lograr optar a  algo del territorio en disputa. Chile era favorable a esto, pero siempre y cuando eso significase que siempre sería tierra de Bolivia, ya que Chile creía que era una forma para que Perú finalmente lograra lo que siempre quiso, tener de vuelta todo su terreno perdido en la guerra.

Pero ya cerca del término de las negociaciones, entre 1928 y 1929, Perú de manera tajante dijo que no quería que Bolivia estuviera involucrado de ninguna manera.

Las relaciones diplomáticas y comerciales entre Chile y Perú, y la firma del pacto

Durante esta controversia, Perú en dos oportunidades cortó de manera tajante la diplomacia con Chile. De hecho, la última vez fue un quiebre de unos 18 años más o menos (desde 1910). En el arbitraje se restablecen las relaciones diplomáticas pero no del todo, y en 1925 Perú decidió cerrar la frontera, lo que puede ser una muestra de las pocas ganas que tenía ese país de dialogar. 

Así fue como Conrado Ríos decidió estudiar cómo era la relación comercial entre ambos países y se dio cuenta que Chile se abastecía de azúcar y petróleo gracias a Perú, lo que era muy beneficioso para los limeños. Por lo que luego de hacer este estudio, Chile decidió que había que tratar comercialmente con otros países, y comenzó a comprarle azúcar a Cuba. 

Perú sintió esta merma económica, por lo que se vio obligado a mejorar las conversaciones y no ser tan exigente. Así, en 1928 se restablecen de manera definitiva las relaciones diplomáticas con el nombramiento de embajadores. Emiliano Figueroa viaja a Lima, y César A. Elguera parte a Chile.

       

                           

Emiliano Figueroa,                                   César A. Elguera 

Presidente de Chile 1925-26                  Ministro de Relaciones Exteriores del Perú 1924-26      

 

A pesar de tener un representante peruano en Santiago, el presidente Leguía trataba directamente con Figueroa, y Elguera (y luego su sucesor, Pedro José Rada y Gamio) era por decirlo de alguna manera el informante de cómo procedían esas reuniones entre el embajador chileno y Leguía. Eso sí, nunca con el afán de menospreciar al embajador peruano, más bien porque el presidente de Perú estaba decidido a terminar con el asunto, porque este cambio de proveedor de azúcar en Chile lo dejó un poco temeroso por la reacción que tuvieron de empresas peruanas y la población en general.

                             

Augusto B. Leguía                                                  Pedro José  Rada y Gamio 

Presidente del Perú 1919-1930                            Ministro de Relaciones Exteriores del Perú 1926-30

Ya en 1929, comienza este trabajo sin parar en busca de finalizar la negociación y por medio del presidente estadounidense en ejercicio, Herbert Hoover, el 15 de mayo de ese año se presentó una propuesta que al parecer dejaba feliz tanto a Chile como a Perú. La que el 3 de junio de 1929 se firmó de manera legal. 

Herbert Hoover, Presidente de los EE.UU. 1929-1933

El texto de 13 artículos habla de cómo se dividirá Tacna y Arica, en cuánto tiempo se verá reflejada esta división, el compromiso que adquiere Chile a construir un malecón para Perú, la entrega de obras públicas ya ejecutadas en lo que sería soberanía peruana, la celebración de un convenio sobre policía de frontera, la opción para que mayores de edad nacidos Tacna y Arica decidan su nacionalidad, erigir en el Morro de Arica un monumento simbólico sobre cuyo proyecto se pondrán de acuerdo, entre otros aspectos a solucionar.

Y en el caso de Chile, el texto como decreto se promulgó el 28 de julio de 1929 y se publicó en el Diario Oficial el 16 de agosto de 1929.

Quedaron temas, como la demarcación de la línea fronteriza, que lo trabajó una comisión mixta que terminó su trabajo en julio de 1930.

A modo de reflexión, queremos dejar la frase del ministro Conrado Ríos que da cuenta y refleja bajo su propia experiencia, lo arduo y trabajoso de este proceso que buscó la paz y la buena convivencia entre dos naciones hermanas.

“negociación que logró después de duras alternativas sepultar un pasado de rencores estériles, de mutua agresión, liquidar un problema inflamable y fijar una nueva frontera sobre la tierra en disputa, frontera que representa la verdadera victoria de la paz”.

Conrado Ríos Gallardo, ministro de Relaciones Exteriores de Chile 1927-29.

 

Referencias

Fotos

 

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